La Red Intergaláctica de Licklider

Una sucesión de acontecimientos, en plena Guerra Fría, gatilla el desarrollo de una de las tecnologías más revolucionarias en la historia de la humanidad. Un avance científico que hasta el día de hoy sigue evolucionando de forma exponencial.

Esta historia se desencadena en la tarde del 4 de octubre de 1957. La Unión Soviética anunciaba el éxito del lanzamiento del Sputnik 1, el primer satélite artificial puesto en órbita por el hombre. Este hito tecnológico, que significaba una gran ventaja en la conquista del espacio, no tardó mucho tiempo en generar repercusiones en los Estados Unidos. Se acababa de dar inicio a un periodo de grandes tensiones, al que los historiadores denominan: la Carrera Espacial. Frente a los hechos, la confianza de la URSS estaba aumentando y el gobierno estadounidense no quería quedarse atrás en el liderazgo tecnológico. Se necesitaba de forma urgente un proyecto que resguardara la seguridad nacional, implementando nuevos avances científicos. Es así como, luego de cuatro meses del lanzamiento, el Departamento de Defensa de los Estados Unidos crea la Advanced Research Projects Agency —la Agencia de Proyectos Avanzados de Investigación— cuya sigla era ARPA.

Aquella institución, que tenía por finalidad el desarrollo de nuevas tecnologías, realizó sus primeras indagaciones como una agencia espacial provisoria. En un clima de completa confidencialidad, muchos de los científicos no eran muy conscientes del objetivo final de sus investigaciones. Para el Departamento de Defensa era imprescindible disponer de tecnología avanzada, y de poco acceso, para futuras utilidades militares. Aunque como veremos más adelante, estos rumores no siempre serían del todo ciertos. No obstante, los hechos nos arrastran al otoño de 1962. Jack Ruina, en ese entonces director de ARPA, estaba buscando personal calificado para implementar nuevas tecnologías de comando y control informático. Esto lo llevó a contratar los servicios de BBN Technologies, una prestigiosa empresa encargada del desarrollo y la investigación tecnológica. Fue en este escenario donde Ruina conoce al Doctor J. C. R. Licklider, quien se convertiría al poco tiempo en parte fundamental del desarrollo en ARPA. Pero el lector se preguntará: ¿Qué tenía de especial este sujeto?

Lick, como le llamaban sus amigos, era un hombre inteligente. Aunque desde la infancia mostró gran interés por la ingeniería, se licenció en letras y psicología, consiguiendo su doctorado en la Universidad de Rochester. Posteriormente se dedicó a trabajar en Harvard y luego en el MIT, trabajos en los cuales volvió a expresar sus dotes ingenieriles. En cuanto a sus publicaciones, había realizado algunos estudios de psicoacústica y escrito un libro acerca de las bibliotecas digitales del futuro. Últimamente había desarrollado un extenso paper titulado “Man-Computer Symbiosis” en el que explicaba el concepto de la interacción cooperativa entre humanos y computadoras. El conjunto de estas y otras cualidades sorprendieron en gran medida a Ruina, quién lo puso a trabajar inmediatamente en el desarrollo informático de la agencia. Nuestro protagonista, que rápidamente llegó a ser el primer Director de la Oficina de Técnicas de Procesamiento de Información en ARPA (IPTO), pronto provocaría un rotundo cambio conceptual en la informática.

El Doctor Licklider tenía una idea que le daba vueltas en la cabeza, soñaba con redefinir al ordenador como un dispositivo de telecomunicaciones: creía que era posible generar una interconexión global de computadores, en la que todo el mundo podría descargar datos desde cualquier lugar con acceso a la red. Robert Taylor, uno de sus sucesores en IPTO, recordaba lo siguiente: “Lick fue uno de los primeros en percibir el espíritu de comunidad formada entre los usuarios de los primeros sistemas de tiempo compartido. (…) Lick hizo fácil pensar en la interconexión de las comunidades”. Los Miembros y Afiliados de la Red Informática Intergaláctica, como Licklider solía llamar a su grupo de colaboradores, estaban formando las bases de una tecnología revolucionaria que cambiaría la historia de las comunicaciones para siempre. Aunque la estadía de Lick en ARPA tan solo duró veinte meses, generó en poco tiempo una semilla que más tarde germinaría como nuestra actual Internet.

 

Los inicios de la red

 

Estamos en octubre de 1965, los investigadores Lawrence Roberts y Thomas Merrill están a punto de concretar otro de los grandes hitos de la historia de Internet: conectar dos computadores a través de una línea telefónica de larga distancia. Para llevar a cabo esta hazaña, se utilizó un equipo TX-2 en Lexington, Massachusetts, y un Q32 en Santa Mónica, California. Si bien la velocidad de transferencia fue relativamente lenta, este hecho conformó la primera comunicación entre computadores, utilizando la tecnología de paquetes de datos, propuesta algunos años atrás por Leonard Kleinrock, del MIT.

El uso de paquetes de datos, que reemplaza a la comunicación por circuitos, consiste básicamente en la segmentación de la información en pequeñas unidades, las cuales se transmiten por la red y se vuelven a juntar en el equipo donde se realiza la descarga. Esta tecnología ayudó a evitar congestiones en la red y a solucionar su falta de estabilidad, puesto que si ocurría un error en la transferencia de datos, ahora se podría continuar bajando los paquetes restantes cuando el flujo de información se restableciera.

Un año después, Roberts ingresa a IPTO con la tarea de desarrollar el concepto de redes informáticas para ARPA. Su trabajo lo condujo a ser el principal diseñador del proyecto Arpanet, presentando sus avances en una conferencia efectuada en Gatlinburg. Esta herramienta, que a nivel académico iba a constituir un medio para compartir información científica, cubrió también otros propósitos. Es importante mencionar al lector que, en este punto del artículo, entramos en un terreno de corrientes históricas adversas.

Mapa que señala las ubicaciones de los dos computadores que conformaron la primera red experimental. Google Maps.

En muchas ocasiones, para aumentar la difusión en algunos escritos periodísticos, se ha expuesto erróneamente que la base de la formación de Arpanet fue ocasionada por intereses militares. Esta concepción proviene, en cierta medida, de las ideas propuestas por Paul Baran. Este ingeniero de la Rand Corporation —otro laboratorio de ideas e investigación en Estados Unidos— estaba desarrollando una tecnología parecida a la que Kleinrock había descrito con los paquetes de datos. Ambos estudios se habían realizado en paralelo, sin que ninguno de ellos conociese la investigación del otro. Aunque las propuestas eran muy similares, sus propósitos cambiaban rotundamente: mientras Kleinrock estaba motivado por el intercambio de datos académicos, Baran quería crear una red de comunicaciones que sobreviviera a un posible ataque nuclear. Frente a los rumores de la prensa, fue el mismo Roberts quien desmintió el origen de Arpanet, señalando que los inicios de esta red se basaban en los trabajos del MIT, sin ningún propósito militar.

Sin embargo, la idea de Baran no se disipó por completo. El propósito de establecer una red de comunicación segura, que evitara cortes globales si fallaba el núcleo central de información, se tradujo en la creación de nodos dispuestos en forma distribuida. En el caso que fallara un nodo —que es un punto de conexión de la red— la información viajaría a través de otros enlaces formados por nodos adyacentes al afectado. En cuanto a la finalidad de Arpanet, esta red no se restringiría únicamente a la comunidad científica; sino también brindaría beneficios a la rama militar. Pero es importante no confundir el hecho de que su creación no estuvo orientada a estos cometidos, más bien es una consecuencia posterior al origen de Arpanet.

Infografía de las redes presentadas por Paul Baran.

Gracias a los avances en la transferencia de datos y las investigaciones para generar enlaces a larga distancia, poco a poco comenzó a formarse Arpanet. En septiembre de 1969 se estableció UCLA como el primer nodo de la red. Fue elegido este lugar como reconocimiento a la participación de Kleinrock. Más tarde se añadiría el segundo nodo, en el Standford Research Institute (SRI), con el que se concretaría el primer mensaje de host a host. Agregándose posteriormente a la red, dos nodos más, uno en la Universidad de California de Santa Bárbara y otro en la Universidad de Utah, constituyéndose el primer cuarteto de nodos de Arpanet. De esta manera, la principal red predecesora de Internet, inició su proceso de expansión a lo largo y ancho de los Estados Unidos.

 

Grandes hitos en la historia de la red

 

Como el objetivo de este artículo es relatar los orígenes de la red, no se abordarán muchos detalles de su desarrollo técnico. A continuación se describen brevemente algunos de los hitos más importantes.

1970

  • La Universidad de Hawaii crea la red Alohanet. La cual tenía la particularidad de usar ondas de radio para conectar los centros de investigación, situados en diferentes islas.
  • En el mes de diciembre, S. Crocker crea NCP (Network Control Protocol), el primer protocolo de Arpanet. Un protocolo de red, es una serie de reglas que sirven para establecer una conexión y transferencia de datos entre dos o más sistemas.

1971

  • Ray Tomlinson envía el primer correo electrónico de Arpanet, y se establece el símbolo arroba para separar al usuario de la institución.

1972

  • Se desarrollan los primeros programas de correo electrónico. Aunque al comienzo no se preveía que causaran mucho impacto, los e-mails constituyeron la aplicación más importante de la red por más de diez años.
  • Robert Kahn realiza la primera demostración pública de Arpanet en la International Computer Comunication Conference.

1974

  • En mayo, Robert Kahn, en conjunto con Vinton Cerf, desarrollan TCP, el primer protocolo capaz de interconectar redes distintas. En este contexto surge, por primera vez, el término Internet. Tres años después, se lleva a cabo la primera maniobra del protocolo en Arpanet, Alohanet y Satnet, esta última correspondiente a la red satelital. Más tarde este protocolo conformaría el actual TCP/IP.

1983

  • Postel, Partridge y Mockapetris diseñan el Sistema de Nombres de Dominio (DNS), implementando .edu, .gov, .com, .mil, .org, .int, y .net.

1985

  • La National Science Fundation encargó el desarrollo de NSFnet, conjunto de redes que se convertiría en la columna vertebral de Internet. Sustituye a Arpanet, dedicándose a la expansión geográfica y al incremento de la velocidad de transferencia. Esta red fue reemplazada a principios de los noventa por redes comerciales.

1989

  • En el veinteavo aniversario de Arpanet, se declara su cierre definitivo.

1991

  • NSF libera Internet para usos comerciales.

La expansión de Arpanet. Mapas realizados por Heart, F., McKenzie, A., McQuillian, J., y Walden, D., ARPANET Completion Report, Bolt, Beranek and Newman, Burlington, MA, 4 de enero de 1978.

Chile y sus redes

 

Nuestro país también fue pionero en el mundo de las redes. En la década de los ochenta ya se habían establecido las primeras conexiones en catálogos de bibliotecas y en sistemas de envío de datos. Estas redes aún no se parecían a la Internet que tenemos hoy en día, eran más pequeñas y tenían grandes limitaciones. Recordemos que, en ese entonces, las universidades estaban estableciendo los primeros departamentos de informática del país. Pero existen dos grandes hitos que ameritan ser conocidos, proezas que fueron alcanzadas gracias al aporte de algunas universidades chilenas.

El primer hito que merece nuestra atención se llevó a cabo en una fecha ya olvidada. Algunos creen que fue en septiembre de 1985, otros dicen que fue a principios de 1986. Me refiero al primer correo electrónico experimental enviado en nuestro país. Por un lado, José Miguel Piquer y Patricio Poblete fueron quienes enviaron el correo desde la Universidad de Chile, y por otro, Edgardo Krell y Sergio Mujica lo recibieron en la Universidad de Santiago. Utilizando dos computadores NCR Tower, conectados por una línea telefónica directa con dos módems, se envió el primer correo electrónico nacional: “Si este mail te llega, abramos una botella de champaña” citaba el mensaje. Como la velocidad de transferencia de datos era de 300bps, sólo permitía el intercambio de e-mails y/o de archivos livianos. El correo fue recibido en la dirección usdii!iekrell, que llevaba un signo de exclamación en vez de la actual arroba.

El segundo hito, en el que también participó activamente la Universidad de Chile, es el caso de la red BITNET. Esta red había sido fundada en 1981 por dos universidades estadounidenses, como la primera interconexión académica de escala global. Si Chile quería formar parte de esta red privilegiada, tenía que superar dos grandes inconvenientes: necesitaba establecer un nodo con un tráfico de datos sin interrupciones y, al mismo tiempo, debía crear un enlace satelital con BITNET. La primera dificultad fue superada con la donación de un procesador 4341, por IBM; no obstante, el segundo problema aún no estaba resuelto.

En 1987 surgió una idea interesante. En aquellos años, la NASA disponía de una red satelital cerrada, en la Estación de Rastreo de Peldelhue. Si Chile lograba utilizar esta red, podría solucionar su problema fácilmente. Harry Barnes, quien era el embajador de Estados Unidos en nuestro país, logró el permiso de la Administración General de la NASA; sin embargo, en septiembre del mismo año, los altos cargos de la Administración, dieron a conocer su rechazo por el uso del satélite con otros fines a los suyos. Nuestro intento de conexión a BITNET corría grave peligro. Pero Barnes, que quería terminar bien lo que había comenzado, tenía un As bajo la manga. En el Acuerdo Mataveri —un permiso para que los transbordadores espaciales de la NASA usen la pista del aeropuerto, en Isla de Pascua, ante posibles emergencias— se señala que ambos países deben cooperar mutuamente en asuntos científicos. Por lo que finalmente se logra la aprobación definitiva, en el mes de diciembre, que consigue una conexión satelital con el Centro Goddard. Nodo que también serviría más adelante para que otros países latinoamericanos entraran a la red.

 

La World Wide Web

 

Nos acercamos al final de la historia. Esta vez Tim Berners-Lee será nuestro último protagonista. Tim, que trabajaba en el CERN, fue la mente maestra que hizo posible la Internet que tenemos en la actualidad. A finales de los ochenta no existía el concepto de navegar o visualizar contenidos, no existían los buscadores, ni las páginas webs. Y por tanto, mucha información científica se perdía y era poco accesible. En 1989, Tim era consciente de esta realidad y se le ocurre una idea para mejorarla.

En conjunto con el Ingeniero Robert Cailliau, se dedican a desarrollar el concepto de hipertexto, el lenguaje HTML (HyperText Markup Language) y el protocolo HTTP (Hypertext Transfer Protocol) que sirve para la comunicación entre los navegadores y los servidores. Sin embargo, el proceso de incorporar el concepto de hipertexto a la Internet sería algo más complicado. Luego de recibir el rechazo de muchos expertos para el desarrollo de esta tecnología, Tim toma la firme decisión de llevar a cabo la idea por sí mismo. Trabajo en el que define ciertas reglas que garantizan el libre acceso de esta herramienta y que culmina con el primer servidor en agosto de 1991. Dos años después se lanza el primer navegador, Mosaic, y, el 30 de abril de 1993, se presenta la World Wide Web al público general.

De esta forma, se da inicio a la gran autopista de información que hoy conocemos por Internet y que continúa, segundo a segundo, expandiendo sus fronteras.

En este preciso instante parece imposible imaginar que, al mismo tiempo, hay millones de personas conectadas en esta red intergaláctica. Aún así, para muchos, su historia sigue siendo un misterio. Creo que es importante conocer el trabajo de los grandes genios que hicieron posible lo que ahora conforma una parte fundamental de nuestras vidas. Es fascinante que una idea engendrada en una mente curiosa y extrovertida, como la del Doctor Licklider, desembocara en una plataforma sin fronteras ni limitaciones que, hace unos cuantos años, podría parecer una fantasía propia de los libros de ciencia ficción.

Fotografía de algunos de los grandes genios de Internet. © Clark Quinn.


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Imagen de portada: Fabián Iglesias.

 

 

Fabián Iglesias

Estudiante de Ingeniería Civil Mecánica en la Universidad de la Frontera. Le interesa la divulgación científica, la fotografía y la naturaleza. Conductor del micropodcast semanal Punto Científico.