La divulgación científica bajo un análisis psicológico

Un día una hambrienta zorra se decidió a devorar un jugoso racimo de uvas, en lo alto de un parral. No obstante, ni con todas sus fuerzas, pudo alcanzar.
Frustrada, tras muchos intentos, se dijo a sí misma: ¡Me da igual esas uvas! ¡Seguro que verdes están!
Un error muy común tuvo aquel animal: Trasladar sus errores a los demás.

Fábula de la zorra y las uvas, Esopo.

Es la noche del 20 de diciembre de 1954. Los seguidores de Dorothy Martin se reúnen en la ciudad de Chicago a la espera de una nave proveniente del planeta Clarión. Las personas permanecen expectantes, esperando el aterrizaje que será a la medianoche.

Todo había comenzado algunos meses atrás, cuando Dorothy, a través del fenómeno de la psicografía, había recibido noticias provenientes de mensajeros cósmicos de la gran inundación. Poco a poco la profecía comenzó a ganar seguidores, quienes tenían que dejarlo todo para encontrase con Sananda, quien los venía a rescatar en un platillo volador. Sólo los iniciados podrían salvarse.

No obstante, entre los fieles había algunos infiltrados, como es el caso de cinco científicos, entre ellos, el psicólogo Leon Festinger, quien se enteró a raíz de una noticia publicada en un periódico local.

Como describió en su libro, When Prophecy Fails, durante la espera se les pidió a los seguidores deshacerse de cualquier pieza metálica que llevaran en sus ropas, debido a que durante el viaje podrían causarles quemaduras severas.

Cuando llegó la medianoche el público permaneció en silencio. Aparentemente la nave no había llegado aún. En un primer momento, alguien señaló que otro reloj era el correcto, uno que tenía algunos minutos de retraso. Al marcar las doce de la noche del segundo reloj, todos los presentes se sumieron en un silencio absoluto. Cinco minutos más tarde, Sananda anunciaba a través de su elegida que tenían una pequeña demora y que el plan continuaba como lo decía la profecía.

La noche continuó con mensajes sucesivos, la audiencia permanecía siempre en silencio, solamente algunas toses interrumpían de vez en cuando. A las dos y media recibieron un mensaje de Sananda para hacer una pausa con café, en ese momento los seguidores intentaron buscar explicaciones de por qué los hechos no estaban ocurriendo como lo esperaban. Algunos comenzaron a desilusionarse.

Pero cerca de las cinco de la madrugada llegó un mensaje esperanzador. El texto era claro. Las fuerzas del bien y de la luz, emanadas desde los seguidores, habían detenido el cataclismo por completo. La secta había salvado a la Tierra.

Situaciones como esta se han dado reiteradas veces a lo largo de la historia, y explican cómo es el comportamiento humano cuando nuestras ideas no encajan con la realidad. La fábula de la zorra y las uvas de Esopo, presentada al comienzo de este artículo, se suele usar en psicología para explicar el término de Disonancia Cognitiva, acuñado por Festinger. Básicamente, nosotros creamos una historia o situación para parchar las incoherencias o errores de las ideas que ya asumimos anteriormente.

Comencemos por analizar una realidad: nos fascinan las historias. Es por eso que disfrutamos de una buena película o nos dejamos llevar por las enrevesadas tramas de los libros de ficción. Es algo muy natural en nosotros y comienza, en la mayoría de los casos, en la infancia, cuando se nos cuentan hazañas increíbles, llenas de magia y fantasía.

Resulta que la Divulgación de la Ciencia se enfrenta muchas veces a este tipo de situaciones. Especialmente en las pseudociencias, mayoritariamente ligadas al área de la salud. ¿Cómo lograr que ciertos grupos vuelvan a confiar en las vacunas? ¿Cómo explicarle a las personas que aceptar tratamientos pseudocientíficos pueden causarle un daño permanente? ¿Cómo enseñarle al mundo que si las pseudociencias fueran ciertas, pasarían a llamarse ciencias?

Es muy difícil cambiar las ideas más profundas, aquellas que rigen el comportamiento y los sistemas de valores de cada persona. Suele ocurrir que la primera idea que toca nuestra mente moldeará, aceptará o rechazará a las siguientes. Por eso es muy importante enseñarle a los más jóvenes la importancia del pensamiento crítico.

Lamentablemente cuando la ciencia se enfrenta con hechos duros, puede llevar a reforzar las creencias equivocadas del individuo. Esta realidad se ve reflejada en muchos “debates” en Internet, dónde en la mayoría de los casos las ideas de conspiración logran atraer a más personas que los estudios efectuados por cientos de científicos en todo el mundo.

La solución a este problema está directamente ligada en cómo educamos a las personas. Es importante que todos confíen en la ciencia, que entiendan cómo funciona, y que, aunque actualmente no nos dé respuestas a todas nuestras preguntas, es la mejor forma que tenemos para entender el funcionamiento del universo.

Quienes comuniquen ciencia al público general, deben presentar la ciencia de un modo más pacífico, que refuerce el pensamiento crítico de las personas, sin forzar a quienes están equivocados a cambiar de parecer. Invitarlos simplemente a seguir un modo más objetivo de ver las cosas, es más efectivo que decirles que están equivocados.

También se puede presentar la ciencia desde una perspectiva más artística y emocional, utilizando estrategias visuales, como se ha visto reflejado en el documental Cosmos, cuya última entrega, por medio de un guión lleno de historias científicas impresionantes, reforzadas por efectos especiales del universo, despertó el interés de muchos a seguir el pensamiento científico.

Pero no es necesario el desarrollo de una superproducción para llevar la ciencia a los demás. El actual auge de los canales de divulgación en YouTube ha sido muy positiva. Cuando los contenidos son expuestos de una forma más personal, con mezclas de humor y objetividad, la audiencia siente más cercanía con sus presentadores y la divulgación es más efectiva.

Fue Carl Sagan quien dijo: “La ciencia no es perfecta, con frecuencia se utiliza mal, no es más que una herramienta, pero es la mejor herramienta que tenemos, se corrige a sí misma, esta siempre evolucionando y se puede aplicar a todo. Con esta herramienta conquistamos lo imposible”.


Las opiniones expresadas en el artículo son de total responsabilidad del autor.

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Imagen de portada: LE FAVOLE DI LA FONTAINE, 1904. Lit. J.E. Goossens, Parigi-Lille Pubblicità grandi magazzini Au Bon Marché, Parigi Serie di 12 figurine.

Fabián Iglesias

Estudiante de Ingeniería Civil Mecánica en la Universidad de la Frontera. Le interesa la divulgación científica, la fotografía y la naturaleza. Conductor del micropodcast semanal Punto Científico.